II

Es sencillo distinguir a los niños de los mayores. Un niño resplandece entre los mayores como una velita. Una persona mayor pierde brillo a medida que se cree ser mayor. Afortunadamente hay más niños que mayores, aunque estos intenten convencer a los niños de que ser mayor es bueno.

Desde mi nave espacial lo he visto: millones y millones de lucecitas de niños pueblan todos los rincones del planeta. Solo en una noche puedes ver como en algún sitio hay estrellas que se apagan, mientras que en otro lugar, al mismo tiempo, otras estrellas se encienden. Es muy bello.  Como las pequeñas luciérnagas… ¡Qué grandes son!

En el silencio del espacio se escucha la risa de los niños de la Tierra. Los que nunca han ido más allá de las fronteras de la Tierra no saben el valor de este sonido. Es un eco que viaja desde el pequeño lugar en el que el niño se encuentra -a veces un parque, otras una habitación, o un prado- hasta el final del universo, rebota en las paredes y sigue… Una ola infinita. ¡Risa infinita! Es tan increíble…

Cuando mi nave aterriza en un jardín, hablo con el niño que juega allí.

-¿Puedo aparcar mi nave aquí esta noche?

-Haz lo que sientas.

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