IX

-Así que la niña, subió al nido del elefante, masajeó sus orejas y al final pudo volar.

-Buenas noches, Principito.

Me encanta hablar con los niños de universos nuevos, porque creen en ellos. Nunca verás a un niño dudar de un barco pirata volador, ni de sirenas que pueblan los fondos marinos, ni de un bosque repleto de hadas. Para un niño, un perro volador es tan real como un perro corredor. Eso es maravilloso.

Los niños nacen sabios. Un sabio no es el que más ha leído, sino el que más sabe. Y un niño sabe. Y si no sabe, quiere saber. Por eso sabe.

-¿Qué pintas ahora? -me pregunta la niña.

-Una pradera.

-Parece el mar.

-Es un mar, pero de hierba.

-¿Qué son esos colores?

-Cada color son plantas diferentes. El amarillo son flores amarillas, el naranja son flores naranjas. Fíjate, en la vista más cercana se distingue cada flor amarilla de cada flor naranja, y las flores de la hierba. Pero más lejos no se distingue, y mezclo los colores. Así lo imagino, y todo lo que imagine lo puedo pintar.

-¡Yo tambien quiero pintar!

La ilusión se contagia. Si un niño triste llega a un lugar donde juegan niños alegres, ese niño no podrá evitar sentirse alegre y jugar. La mirada lo dice todo. Un niño ilusionado reflejará el infinito en sus ojos, porque en su interior está viviendo el universo entero.

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