XVI

En el siguiente planeta habitaba un relojero.

-Hola.

-Hola. ¿Qué hora es?

-No lo se.

-¡La mejor hora!

Me encantaba aquel señor. La sonrisa debajo de su bigote le hacía un rostro muy gracioso. Sus ojos brillaban como diamantes. Era un niño con canas.

-¿Qué haces?

-Arreglo relojes. Para que a nadie le falte el tiempo.

-¿Cómo puede faltar el tiempo?

-Nunca falta, ni sobra. Pero a mucha gente le gusta pensar así.

-Tú no piensas así. ¿Entonces por qué arreglas relojes?

-Porque me divierte.

-¿Por qué los relojes marcan diferentes horas?

-Porque no todos ven el tiempo de la misma manera. Hay quien siempre se adelanta. Hay quien siempre se atrasa. Hay quien va perdiendo tiempo… Y claro, eso se refleja en sus relojes.

-¿Y a dónde va el tiempo que pierden?

-A ningún sitio. Realmente no lo han perdido, porque el tiempo no se puede perder. Puede utilizarse de diferentes maneras, pero nunca perderse. Es la fuerza con la que las personas creen en que lo han perdido lo que realmente hace que lo pierdan… ¡Pero el tiempo siempre es el mismo!

El relojero estallaba en carcajadas y me llenaba el alma de alegría. ¡Qué tiempo más maravilloso estaba pasando!

-Es hora de que me marche.

-También es hora de que vuelva a mi trabajo.

Mientras nos despedíamos, los dos reíamos. Había sido un encuentro maravilloso. Cuando las personas aman el tiempo que están viviendo, todos los momentos son únicos y especiales.

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